Desde la Asamblea de Recoleta, J. Anabalón nos comparte sus reflexiones a los documentos propuestos hasta ahora.

El presente documento es una crítica a las propuestas que buscan sentar las bases de un proyecto político que no se limite a la administración rutinaria del poder, sino que recupere la vocación transformadora que en otros momentos históricos del radicalismo que permitieron modernizar el Estado y ampliar derechos fundamentales. En un contexto marcado por la desigualdad, la crisis ambiental y la revolución digital, se plantea la necesidad de redefinir la misión de un partido de avanzada: construir un Estado democrático y digital que garantice conectividad universal, alfabetización tecnológica y un uso ético de la inteligencia artificial.

La propuesta siguiente se articula en torno a una identidad doctrinaria coherente, fundada en el humanismo laico y la centralidad del ser humano, y se proyecta hacia una democracia sustantiva y participativa que incorpore innovación digital y transparencia radical. Asimismo, se delinean ejes programáticos contemporáneos —educación, justicia social y privacidad— como pilares de emancipación y cohesión social. Finalmente, se subraya la importancia de proyectar un liderazgo estratégico capaz de orientar el debate nacional en torno a tres grandes pilares: desarrollo económico, educación y transformación tecnológica, posicionando al partido como referente en la construcción de un futuro inclusivo y equitativo.

1. Propósito claro y misión histórica

Es indudable que en este nuevo renacimiento existe una clara la necesidad de definir el “para qué” del partido: no existir solo para administrar cargos, sino para organizar ideas y convertirlas en acción pública reconocible. Para ello es absolutamente necesario recuperar la tradición transformadora como el Radicalismo en el siglo XIX y XX, que modernizó el Estado y expandió la educación, pero adaptado a los desafíos del siglo XXI (desigualdad, crisis ambiental, revolución digital).

En este sentido si el siglo XIX el Radicalismo impulsó el Estado docente, la educación pública y la secularización como herramientas de emancipación, en el siglo XXI el equivalente transformador es un Estado digital democrático, que garantice acceso universal a la conectividad, alfabetización digital y uso ético de la inteligencia artificial. Así como se defendió la educación como derecho fundamental, hoy debe defenderse el derecho al acceso y control de los datos y algoritmos que afectan la vida cotidiana. La privacidad de los ciudadanos y la soberanía digital. Debemos tomar una posición avanzada en estos temas desde las nueva fundación, la inteligencia artificial creará una nueva desigualdad estructural y nueva injusticia social, donde el acceso a la tecnología será la piedra de tope para el desarrollo humano y sin acceso a tecnología las personas quedarán material y culturalmente rezagadas de forma acelerada, los problemas sociales que hemos visto en la historia se multiplicarán y los ciclos críticos serán cada vez más regulares en el tiempo, a esto le podemos llamar una lucha contra la marginación teológica. Como un partido de avanzada debemos posicionarnos como promotores de Políticas re distributivas que incluyan acceso equitativo a tecnologías digitales; el uso de IA para inclusión social, diagnóstico de brechas educativas, salud preventiva, acceso a justicia, promover como partido nuevas políticas que garanticen que la IA no reproduzca sesgos ni discrimine, sino que sea usada para corregir desigualdades históricas y que permitan la real modernización del Estado. En este afán, debemos buscar la forma de promover la soberanía digital, es decir, como partido debemos promover el acceso libre a la información y a los beneficios de la IA para los ciudadanos, pero no podemos conformarnos con solo ser consumidores de la misma, sino que, promover desde nuestra posición, (como lo haría Pedro Aguirre Cerda) un nuevo tipo de CORFO digital, que nos saque del industrialismo que alguna vez promovimos el siglo pasado y que no impulse hacia el partido de avanzada en materia digital, la industria 4.0.

2. Identidad doctrinaria coherente

Humanismo laico y centralidad del ser humano: situar la dignidad y autonomía individual como fin último sosteniendo que estos deben prevalecer sobre los intereses de lucro de empresas o grupos incluyendo las grandes tecnológicas cuyo centro son la información y la tecnología sin medir el impacto en los ciudadanos. La privacidad es vista como un requisito fundamental para una sociedad libre y para la emancipación del individuo, oponiendonos a la vigilancia masiva y a la retención injustificada de información por parte de los gobiernos y empresas.

Razón pública sobre dogma: decisiones justificadas con argumentos sustentados en datos accesibles a cualquier ciudadano, evitando adhesiones emocionales o verdades reveladas.

Reformismo progresista: cambios graduales pero profundos, con legitimidad social y estabilidad institucional. Con visión de largo plazo alejados doctrinariamente del cortoplacismo.

3. Democracia sustantiva y participativa

Democracia como forma de vida, más allá del voto, fomentar deliberación, pluralismo y participación cotidiana, incluyendo instrumentos de democracia directa, donde los ciudadanos puedan proponer cambios políticos y los órganos del Estado tengan la obligación de considerar tales propuestas y someterlas a discusión nacional.

Innovación democrática digital. Explorar mecanismos como democracia líquida, consultas en línea, transparencia radical y acceso abierto a la información.

Protección irrestricta de derechos humanos: universales, irrenunciables y atemporales, como límite ético al poder.

4. Agenda programática contemporánea

Educación como eje emancipador. Derecho fundamental garantizado por el Estado, motor de movilidad social y desarrollo basado en conocimiento, donde las STEM (Science, Technology, Engineering, and Mathematics) sean prioridad y las humanidades contemplen lo ético como motor de la sociedad.

Justicia social desde la socialdemocracia, redistribución, protección social y regulación del mercado en áreas críticas de interés nacional.

Estado activo y democrático: garante de derechos, corrector de desigualdades, promotor de cohesión social.

Libertad e igualdad inseparables: libertad real requiere condiciones materiales mínimas iguales para todos, sin subgrupos de interés special; igualdad auténtica y respeto a la autonomía individual.

Sustentabilidad y ética ecológica: priorizar medio ambiente y bienes comunes sobre la maximización económica, pero la maximización no son sinónimo de renuncia al desarrollo tecnológico y desarrollo nacional.

Derecho a la privacidad y transparencia: proteger datos personales y garantizar acceso abierto a la información pública, al uso de los datos y protección de los mismos.

5. Proyección

Como partido debemos promover y liderar debates de importancia estratégica, más allá de la contingencia, promover cuadros militantes que sean atractores en el debate económico, educativo y desarrollo tecnológico para todos.

La presente propuesta busca mejorar las bases de un proyecto político que no se limite a la administración rutinaria del poder, sino que recupere la vocación transformadora que en otros momentos históricos permitió modernizar el Estado y ampliar derechos fundamentales. En un contexto marcado por la desigualdad, la crisis ambiental y la revolución digital, se plantea la necesidad de redefinir la misión de un partido de avanzada: construir un Estado democrático y digital que garantice conectividad universal, alfabetización tecnológica y un uso ético de la inteligencia artificial.

Este proyecto político no pretende ser una simple actualización de viejas fórmulas, sino una nueva fundación que asuma con responsabilidad los desafíos del siglo XXI. La inteligencia artificial, la soberanía digital y la justicia social no son temas accesorios: constituyen el núcleo de una transformación que definirá el futuro de nuestras comunidades y del Estado.

Así como en el pasado se defendió la educación pública como herramienta de emancipación, hoy debemos defender el acceso equitativo a la tecnología y el control democrático de los algoritmos como derechos fundamentales y en eso, la educación sigue teniendo un rol fundamental.


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