
El Partido Radical se encuentra en un momento de introspección profunda. Los documentos «Cuaderno 2 y 3» compartido por el Co. Andrés Sepúlveda presentan un análisis crítico sobre la razón de ser de los partidos políticos y proponen una reestructuración completa de la forma en que el radicalismo debe organizarse para ser útil a la sociedad chilena actual.
1. El Propósito: Más allá de la sobrevivencia
El documento comienza recordando que los partidos políticos no existen para administrar cargos o cuotas de poder, sino para organizar ideas y ofrecer proyectos de futuro a la ciudadanía. Cuando un partido pierde de vista este propósito, comienza a luchar únicamente por su supervivencia, debilitando su vínculo con la sociedad.
Históricamente, el Partido Radical cumplió una misión transformadora al modernizar el Estado, secularizar la vida pública y expandir la educación pública bajo el concepto del Estado docente. Su éxito fue tal que muchas de sus banderas originales pasaron a formar parte del «sentido común» democrático del país. Sin embargo, tras el quiebre de la dictadura, el partido no logró redefinir su propósito en el nuevo escenario neoliberal, desplazando el debate de ideas hacia la gestión interna y la negociación de corto plazo.
La pregunta decisiva hoy no es cómo reorganizar el partido, sino para qué debe existir. La propuesta es reconstruirse como un partido de la «razón pública», enfocado en la democracia sustantiva, el Estado social moderno y la educación como eje de emancipación.
2. Principios de Gobernanza: Diseñar para personas reales
Una de las tesis más innovadoras del documento es que las instituciones deben proteger a las personas y no exigirles heroicidad. El diseño histórico del partido presuponía militantes con disponibilidad total, lo que en la realidad actual genera parálisis, sobrecarga de dirigentes y fragmentación en grupos de interés.
Para solucionar esto, se proponen cinco criterios de diseño institucional:
• Compartimentación funcional: Las responsabilidades de cada cargo deben ser acotadas y comprensibles, permitiendo que la militancia sea compatible con la vida personal, laboral y familiar.
• Baja interdependencia crítica: El partido debe operar de forma modular, donde las secretarías tengan autonomía operativa para que el fallo o ausencia de un eslabón no detenga a toda la organización.
• Mecanismos de reemplazo y continuidad: Se deben establecer reglas automáticas y rápidas para la sustitución de cargos, evitando que la continuidad institucional dependa de individuos específicos.
• Procesos simples y estandarizados: La organización debe alejarse del conocimiento informal y los códigos cerrados, adoptando reglamentos claros y herramientas accesibles para que cualquier militante pueda participar sin «aprender a golpes».
• Diseñar para la desconfianza: Se debe asumir que la confianza interna es frágil y crear reglas que limiten los incentivos al bloqueo, la captura de cargos o los personalismos.
El rediseño institucional propuesto no es un mero ejercicio burocrático, sino una apuesta política profunda. El objetivo final es construir una organización justa y duradera, capaz de transformar las ideas en acción socialdemócrata bajo las condiciones reales y complejas del siglo XXI.
Documento completo Cuaderno 2 y 3 – Propósito y principios de gobernanza.

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